miércoles, 18 de diciembre de 2013

La medida adecuada.


El mayor reto al que se enfrenta un practicante de Wing Chun
No son ya las desacostumbradas posturas, ni la preparación en el tiempo de los tendones y ligamentos a utilizar, sino la medida exacta para sí mismo de todos los conceptos.

Las medidas siempre han sido algo ambiguo y, aunque no lo fuesen, siempre hay que contar con que el movimiento ha de ser dinámico, dispuesto a cambiar en cuanto se necesite.

Empecemos por el principio. No hay medidas exactas para las posturas, las fuerzas empleadas o la longitud de los pasos, pero sí que hay una forma de acotarlas, que puede llegar a ser hasta meditativa. Para ello, sólo tenemos que acercarnos a algún libro antiguo, o mejor dicho para la mayoría de nosotros una traducción aceptable y, leer eso que casi nadie suele leer, esas “canciones antiguas” que por supuesto ni siquiera riman porque son la traducción de otro idioma pero que guardan la mayoría de las cosas que preguntamos y no nos saben responder.

En una de esas “canciones” del mandarín antiguo escritas por un famoso general de forma casi hipnótica se repite constantemente casi lo mimo... “la espalda parece recta, pero no lo está, los brazos parecen estirados, pero no lo están, las piernas parecen estiradas, pero no lo están, la espalda parece curvada, pero no lo está, los brazos parecen curvados, pero no lo están...”

Hace muchos años, en un curso que realicé, un maestro de origen chino bastante mayor, nos repetía a todos en un ingles un tanto raro: “No too much, no too much”. Y yo siempre me preguntaba interiormente ¿Y cuanto es demasiado?. Tardé años en darme cuenta que había tenido respuestas en libros viejos de esos con las tapas destrozadas de tanto mirarlos.

“...la espalda parece recta pero no lo está, parece curvada pero no lo está” ¿Cuándo está demasiado curvada? Cuando en ningún momento parezca recta. Ahora una vez comprendido el sentido de esta arma... solo necesitamos afinar la puntería. De esta forma el camino será fácil. Sólo puede llevarnos toda una vida.

J. R. Moreno.

lunes, 26 de agosto de 2013

El arte suave.



Wing Chun Kuen se ha hecho famoso sin duda por su eficacia, su forma de combate revolucionaria, y sobre todo porque fue el estilo que Bruce aprendió en Hong Kong durante su adolescencia y ser sin duda el punto desde el que desarrolló sus ideas.
http://unionrmwingchun.com/capitulo-i-sin


Sin embargo, existen muchas diferencias entre los distintos maestros. Podríamos decir que existen muchos estilos de wing chun: Más duros, más blandos, más rectilíneos, más circulares, de posiciones más bajas, de posiciones más altas...



Parte de estas diferencias se deben a las preferencias del maestro, su nivel de comprensión, algún tipo de evolución basada en la experimentación y otros, los más, a una diferenciación artificial y puramente publicitaria.



Hay que tener el punto al que queremos llegar claro en la mente si no queremos perdernos. Tal como hace un buen montañero con su brújula y algún punto lejano que le marque la dirección a seguir.



Tener en cuenta el hecho de por qué se hizo famoso Yip Man mucho antes de enseñar al  joven Bruce Lee podría ser ese punto.



Yip Man en su época de jefe de policía de Fat San no se hizo famoso por “apalizar” delincuentes, sino por su habilidad para detenerlos y controlarlos.



No podemos perder de vista que el Wing Chun es un arte suave que busca tener el control de la situación e imaginar que tenemos una metralleta entre las manos no va a hacer que eso sea así.


Debemos entrenar la posición más baja para entender la estabilidad, la más alta para entender la movilidad, los movimientos rectos para interrumpir la energía y los circulares para absorberla. Pero sobre todo debemos entrenar la intención para llegar a tener el control sin necesidad de utilizar una fuerza bruta que no solo nos pone en peligro sino que además nos fatiga en exceso.

   J. R. Moreno                       http://unionrmwingchun.com

miércoles, 29 de mayo de 2013

El control del instinto.

Si hay algo que hace diferente al hombre de los demás animales, no es la inteligencia, ni las emociones.

Lo que nos hace realmente diferentes es el control sobre los instintos básicos.

El hombre aprende por imitación y si queremos que nuestro cerebro cumpla su papel, primero debemos elegir bien lo que vamos a imitar. Sobre todo las emociones implícitas que quedan controladas en cada decisión que vemos tomar.

Un experto en Wing Chun, por ejemplo, ante una amenaza real, literalmente se lanza hacia delante. Lo normal es que fuésemos hacia atrás, por que es lo que a una persona no entrenada le pide su instinto. El ver esto una y otra vez, nos capacita para intentarlo nosotros mismos, y después de un tiempo de entrenamiento, conseguiremos cambiar la reacción instintiva.

La verdad es que reaccionar de forma totalmente instintiva es sólo posible cuando no encontramos una respuesta adecuada a la situación a la que nos tenemos que enfrentar.

Alguien totalmente instintivo, normalmente (no siempre), es casi invariablemente alguien poco instruido o entrenado. No es necesario hablar de combatir para entender esto, basta con observar a la gente que nos rodea cotidianamente. La gente instintiva suele  reaccionar más rápidamente, pero casi siempre de forma equivocada. Algunos les llaman, malas personas, desequilibrados, e incluso manipuladores y listillos. El instinto puro y duro, les lleva  a pensar sólo en ellos, que por otro lado es lo mismo que hace el que es capaz de controlarlo. En los dos casos se busca un beneficio propio, pero el que controla el instinto siempre consigue un rédito mayor, ya que tener en cuenta a los demás nos hace más valiosos para el resto y como poco no nos crea una cantidad de enemigos imposible de manejar.


Cuando elegimos una persona a la que imitar y por lo tanto de la que aprender, debemos hacerlo con cuidado. Primero debemos decidir qué es lo que queremos aprender y después elegir un buen modelo.

Decirlo es bastante fácil, pero he a visto demasiadas personas  supuestamente preparadas perder fácilmete un combate y a demasiados listillos agresivos arruinarse la vida por insultar o agredir a quien no deben.

Pensarse las cosas dos veces suele ser muy útil, es cierto que se pierde velocidad de reacción y a veces eso mismo nos puede hacer quedar como idiotas, pero lo importante casi siempre suele ser el resultado "a la larga" y para ello, controlar los instintos, aunque parezca que pisamos el freno y el acelerador a la vez, es más que necesario.

Es algo parecido a una de esas películas antiguas en las que la caballería carga contra la infantería que espera impacientemente con los rifles cargados y el jefe del batallón grita constantemente: “Esperad, esperad, esperad...”.

Este es el gran dilema: ¿Nos dejamos llevar por el instinto y disparamos cuando el enemigo está tan lejos que todavía no es una amenaza acuciante? ¿O esperamos a que esté tan cerca que nos sea muy difícil fallar el tiro?


J. R. Moreno.

domingo, 14 de abril de 2013

El uso de los tendones.

Es una equivocación muy usual, intentar utilizar los movimientos de Wing Chun, como si de boxeo o karate se tratara. El Wing Chun tiene su propia dinámica, en lo que al desarrollo de la potencia se refiere. Utilizar los músculos que estamos acostrumbrados a utilizar, para lanzar un golpe diferente, condena al que lo intenta, no sólo al fracaso, sino que además, a veces, cuando se emplea demasiada vehemencia, produce algunas pequeñas lesiones y sobre todo vicios que luego cuesta mucho eliminar.

Wing Chun, no debe su existencia a gente supermusculosa y pesada, sino por el contrario a personas de apariencia normal que habían descubierto la forma de desarrollar potencia de otro modo. No es que no se utilicen pesos complementarios en Wing Chun, de hecho, se utilizan anillas de acero, un palo largo, espadas cortas de hierro etc... pero lo que se entrena, sobre todo, son los tendones y la parte del músculo más pegada a ellos.


Este es uno de los conceptos más simples y al mismo tiempo más difíciles de entender y aplicar.

Para la parte del cerebro más primitiva, es todo un reto atreverse a utilizar una parte de la musculatura, que no se emplea, de forma activa a lo largo de un día normal. En momentos de estrés, el cerebro primitivo tiende a utilizar lo que le da más seguridad y por tanto da la órden de activarse a las partes centrales de los músculos más abultados. El resultado es excesiva tensión que impide tanto adaptarse a una situación cambiante, como lanzar golpes suficentemente fuertes (sobre todo a corta distancia).

Existen en la forma interna de Wing Chun  ciertos movimientos que ayudan verdaderamente a fortalecer los tendones y las partes de los músculos que se necesitan, para que el cuerpo pueda desenvolverse en diferentes distancias con la suficiente velocidad y contudencia. Pero tambien se necesita entrenar al cerebro para que cambie de prioridad cuando se siente bajo presión. Es por ello, muy importante no entrenar siempre como si se tratara de un combate, ya que si el cerebro se estresa volverá a sus viejos hábitos.

Los tendones han de trabajarse con cuidado, se inflaman al principio con facilidad y un entrenamiento excesivo produce un dolor más agudo que las "agujetas". Por ello, he de recordar, que no se debe tener la falsa ilusión, como demasiados novatos tienen de que se puede conseguir todo esto en un día.

J. R. Moreno

lunes, 4 de marzo de 2013

El concepto de vacío.



Demasiadas veces veo comportarse a supuestos forofos de las artes marciales como auténticos idiotas. “Que si este profe es mejor que si el estilo de este es mejor que si mi primo... que si Superman es mejor que Spiderman...”

Hace poco alguien tuvo la osadía de preguntarme algo parecido:

- No sé. Respondí. -Yo no me dedico a criticar a la gente. Me dedico a entrenar y a enseñar. No tengo tiempo de leer comics.

 
Lamentablemente esa suele ser la actitud de muchos, que... inmersos en un mundo irreal de fantasía, no saben sino menospreciar a otros para intentar que, al menos en su cabeza, lo que piensan parezca coherente.

Luego están los de los desafíos... esos que se sienten tan inseguros que no ven otra forma de intentar acabar con su miedo retando a los demás, eso sí, calculando de antemano su superioridad física (y a veces la distancia) antes de actuar.

Y luego, los que van por ahí haciendo daño, si no físico, si psicológico, para enmascarar su complejo de inferioridad; sí, hablo de esos de los que todo el mundo dice:
   “Y que nunca se lleven su merecido...”.

Los fantasiosos de cómic nunca entrenaran, ni sabrán lo que es el esfuerzo, ni la autosatisfacción de haber conseguido algo con perseverancia.


Los inseguros e insensatos encontraran todavía más inseguridad.


Y los espoleados por su complejo de inferioridad... Aunque muchos no lo crean, siempre terminan por encontrar a alguien a quien no hacen daño, sino al que encolerizan, y entonces, acaban corriendo lo que no está escrito por un tiempo indefinido, a veces incluso cruzando fronteras.


A las artes marciales hay que acercarse vacío de intenciones, de técnicas y conceptos aprendidos con anterioridad y sobre todo de soberbia.


El único equipaje que debemos llevar es tesón y ganas de trabajar.

Por otro lado no es cierto esa especie de chorrada, "políticamente correcta" que se ha instalado por ahí de que "en esto de las artes marciales podemos aprender de todos, que todos los maestros tienen algo que aportar etc..."  De la mayoría de los que se denominan maestros y exiben sus titulos para decir que lo son, no podemos aprender absolutamente nada. Pero mirar a unos y a otros sentados y decidir quien es mejor no nos va a servir de nada. La única forma de saber si lo que dicen o hacen funciona es entrenar y ver si progresamos con sus consejos e instrucciones. Si no... por muchos cinturones y titulitos de papel que nos hayan dado debemos coger nuestro petate e irnos a algún otro lado. Los que se quedan en esas condiciones es que han perdido de vista el objetivo que les llevo a buscar un buen profesor.

J. R. Moreno.

miércoles, 13 de febrero de 2013

I Ching, Feng Shui y los cinco elementos.

Siempre he sido más bien pragmático, he huido del misticismo, del folclore mal entendido y de todo lo supuestamente trascendental. Por eso muchas veces mis amigos y conocidos se sorprenden me mis conocimientos de Feng Shui, el I Ching, taoismo, budismo, confucianismo etc. Lo que pocos saben es que todas estas áreas de conocimiento, no tienen nada de superstición, religiosidad o misticismo. En el caso del budismo, confucianismo y taoismo podríamos hablar de filosofía, en el del Feng Shui y el I Ching más bien de ciencia. Lamentablemente, el desconocimiento, la falta de cultura e incluso la pobreza de los que tuvieron siempre cerca estos conocimientos, los convirtió a veces en religiones, a veces en folclore o superstición.




Al Feng Shui por ejemplo llegué por casualidad, de mano de un maestro alemán de Wing Chun y hombre de banca, que había vivido muchos años en Hong Kong.




Me dijo, al igual que hiciese su maestro Cantones, que si quería progresar en Wing Chun, tendría que sumergirme en el estudio del yin y el yang, los cinco elementos y por supuesto el I Ching. Recordé entonces cuando el padre Martín (un maestro de Taichi que conocí ya anciano en mi adolescencia), me aleccionó sobre el I Ching, advirtiéndome de que no era un libro de adivinación, sino uno de texto que advertía de cual debería de ser el comportamiento humano de un hombre integro. Y quizá fue eso lo que hizo que finalmente mi mente se abriera. Una cosa llevó a la otra y cuando me comentó que los edificios en Hong Kong estaban construidos según el Feng Shui y que de la misma forma tenía que construir mis posiciones, le pedí que me instruyera sobre el tema. Al principio fue algo reacio, pero si la gente inteligente e instruida tiene un “talón de Aquiles” no es precisamente contar batallitas como los fanfarrones, sino demostrar todo lo que sabe, más aún si su interlocutor puede seguirle y si además este se esfuerza por hacerlo, llega un momento en que no pueden parar...



Siguiendo los preceptos del Feng Shui, nuestra posición, al igual que la construcción de una casa debe ser algo así como un buen sillón: Los cinco elementos deben estar en él. Un buen respaldo, unos brazos cómodos y protectores, un buen asiento y una buena “colina delante” que puede ser una mesita o un reposapiés. Llegado a este punto, nuestro cerebro de reptil estará tranquilo.



Sí, esa es una de las muchas misiones del Feng Shui, tranquilizar nuestro cerebro de reptil.



Pasemos ahora al I Ching y el yin y el yang. Encontrar un verdadero I Ching que no se base enteramente en la adivinación es tarea casi imposible, al menos en otro idioma que no sea el chino. Aunque sí se pueden encontrar algunos con los comentarios originales del rey Wen Y el duque de Chou. 

¿Pero que son esas líneas?



Las líneas, representan el yin y el yang. Una línea partida representa yin (el principio pasivo) la entera yang (el principio activo). Cuando son dos líneas o bigrama lo que estudiamos tenemos cuatro posibilidades, viejo yin, joven yin, viejo yang, y joven yang. Hasta ahí todo sencillo, lo difícil está luego en entender que un trigrama (tres líneas) con dos líneas partidas y una entera sea yang. La matemática china es algo alucinante y perfecto, pero cuesta mucho desde el punto de vista occidental comprenderla.




A esto tenemos que añadir los cinco elementos: Tierra, metal, agua, madera y fuego.




Supongo que para muchos todo esto se habrá convertido ya en una especie de galimatías. Si añadimos que en Feng Shui los ocho trigramas dan lugar a nueve casas (o palacios) y que todo esto es perfectamente compatible con los cinco elementos...




La pregunta del millón sería:

¿Para que sirve todo esto en un estilo de Kung Fu*?

 Pues para empezar, para saber si es un auténtico estilo o, solo es uno de esos que se inventaron para la opera china. Vamos, algo parecido a lo que se utiliza hoy día en la películas de acción. No existe ningún estilo serio de Kung Fu que no tenga sus formas dispuestas según este código utilizado también en Feng Shui.




En la posición de aducción de Wing Chun o posición número 2 debemos encontrar los cinco elementos si queremos que de verdad sea algo más y no sólo algo extraño que los demás nos ven hacer cuando entrenamos. Debemos saber dónde está el agua, la madera, el metal, la tierra y el fuego. Y las cualidades de cada elemento. Luego llegaran las combinaciones de números y elementos de trigramas y hexagramas y hasta un determinado orden de movimiento según la posición en que nos encontremos y la dirección. Llegar entender qué significa avanzar al norte o nordeste o retroceder al sur o sudoeste, e incluso la famosa canción de Wing Chun: “ Brazos de hierro, cabeza de cristal, y estomago de algodón”, será entonces mucho más sencillo.




No os preocupéis los novatos, no es necesario zambullirse en estos estudios para aprender Wing Chun incluso sería contraproducente al principio. Sólo los muy avanzados deberían hacerlo. Basta con simplemente saber que los ejercicios, los conceptos y las formas están basados en el I Ching, y que el Feng Shui real (No el folclórico y supersticioso que es el que más abunda). Utiliza los mismos principios.

J. R. Moreno.                                    www.unionrmwingchun.com



* La verdad es que he empleado mal el término a posta para que todo el mundo lo entienda. En realidad los chinos cantoneses utilizan Kuen Fat y no Kung Fu, pero en especial para las personas de habla inglesa suena prácticamente igual. Kung Fu es Maestría a la que se llega con el tiempo. Kuen Fat es: arte del puño.

jueves, 31 de enero de 2013

Escapar en el último momento.


Me atrevería a decir que todos en un momento determinado, hemos decidido ponernos a prueba consciente o inconscientemente. Algunas veces incluso nos hemos sentido fatal tanto por ganar como por perder, ya que en realidad se ha tratado de una situación artificial y gratuita que normalmente nos ha producido mucho estrés.



Hacer lo que es peligroso no es sólo cosa de adolescentes. En diferentes etapas de la vida optamos por actitudes de este tipo que si no conseguimos controlar, acaban explotándonos en la cara. No me ha sido raro encontrar, entre las personas que he llegado a conocer, alguno o alguna que ha tirado su vida por la borda por no poder controlar este tipo de situaciones provocadas por ellos mismos.



La mayoría de las veces, las historias que me han llegado a contar me han servido de advertencia y, si bien esas advertencias no han conseguido siempre que no me metiese en líos, sí que me han servido para dar marcha atrás en el último momento y no caer en un pozo del que me hubiese sido muy difícil salir.



He tenido conocidos e incluso amigos que han caído en picado en el pozo de las drogas, otros en fuertes depresiones causadas por puro remordimiento al ver las consecuencias de sus actos innecesarios e incluso algunos se han ido a vivir a una gran ciudad cuanto más lejana mejor, no por gusto, ni por encontrar empleo, sino para escapar de sus recuerdos e incluso de gente de sus pueblos o barrios que les miraba con desprecio o clamaba venganza.



A veces incluso han perjudicado a sus familiares, que poco o nada tenían que ver con sus actos.



Son momentos rebeldes, que pueden durar meses o años y  no tenerlos bajo control puede empujarnos a hacer más de una estupidez. Y todos absolutamente todos, tenemos un talón de Aquiles, algo que nunca hicimos en el pasado y que nos hace preguntarnos si seríamos capaces o no.



Durante años he sido el confesor de mucha gente y sé muy bien de lo que hablo. Nos creemos muy diferentes unos y otros pero la realidad es que nos parecemos mucho más de lo que nos gustaría a veces. La diferencia entre el que se hunde y el que no, a veces es la suerte, pero la mayoría de las veces es saber dar un salto atrás en el último momento y no seguir hacia delante pensando estúpidamente que ese momento todavía no ha llegado.



La educación, en este punto es primordial. No hay nada que te pueda servir mejor que eso. Y no me estoy refiriendo a que te digan que tienes que ser bueno. Sino a que te enseñen como reconocer a los malos. Cómo anticiparte a las pequeñas traiciones y a las grandes y sobretodo a saber juzgar a los demás por sus actos y no por lo que digan que sienten o incluso por lo que estemos pensando que sienten.



Algo que siempre me inquietó, cuando algunos de mis conocidos me escogían para contarme lo incontable, era el haber encontrado un patrón idéntico en sus historias. Todos sin excepción se quejaban de haber sido traicionados por los que formaban parte como ellos de un acto, si no ilícito, sí moralmente reprochable.



Como se suele escuchar el algunas series policíacas estadounidenses. “No hay honor entre delincuentes”. Aunque en este caso habría que añadir “...ni entre gente de baja moralidad”.



El caso es que cualquiera de nosotros puede caer en un acto inmoral. Unas veces por ponerse a prueba, otras por superar un pequeño trauma anterior e incluso simplemente porque hay algo que nunca hemos hecho y nos pica la curiosidad.



Por supuesto, la mayoría de la gente acaba saliendo; aunque algo magullados eso sí, de esas malas decisiones. Pero algunos, los que no supieron decir: “hasta aquí hemos llegado”, “esto no esta bien”, “no voy a tolerar hacer daño a otra persona por una gilipollez”. etc. Sí que quedan marcados de alguna manera para siempre, ya que el pozo donde acaban colándose suele ser profundo y de difícil escapatoria.



Normalmente lo que te saca de esas situaciones son frases hechas que se quedan resonando en tu memoria y que se activan cuando por ejemplo: cuando por ir demasiado a prisa con el coche derrapas y estás a punto de salirte en una curva, cuando estás a punto de dejarte embaucar por gente descerebrada, o cuando ves a alguien en una situación parecida a la tuya que no tiene tanta suerte.



Los kuen kuit de Wing Chun son algo así. Frases que si las repetimos lo suficiente acaban resonando en la memoria y nos salvan de perdernos para siempre incluso en los momentos más difíciles.



Estas son algunas de los más conocidas:




"Aprender las técnicas sin desarrollar las habilidades nunca traerá ningún logro”.



"La cabeza como el cristal, el vientre como el algodón y el antebrazo como el acero”.



"Las rodillas guían la postura. La cintura une el cuerpo. Donde va el ojo va la mente y los brazos y los pies la siguen”


"Agarrar la garganta es una técnica cruel. Una vez que comienza no se puede parar”.

J. R. Moreno.







lunes, 7 de enero de 2013

El Karma, código de ceros y unos.


Demasiadas veces no somos conscientes de nuestros actos y provocamos un desequilibrio que inevitablemente termina por absorbernos. Y ese desequilibrio, no espera a futuras vidas. Aunque a veces si que espera malévolamente al momento en que creemos que todo nos va mejor.

 Ese desequilibrio provocado, no va en función de la cantidad de maldad empleada en un mal acto, como creen algunos. Sino por el sufrimiento producido. Así cuando hacemos algo deshonesto como mentir, traicionar, incumplir la palabra dada, etc... No importa lo poco que hayamos hecho por dañar o que la pérdida del otro desde nuestro punto de vista sea pequeña, si la otra persona sufre  a consecuencia de un pequeño mal acto, nos será devuelto el sufrimiento y no la intención.

No se trata de un espiritualismo barato. Es más bien una ley no escrita que el ser humano no acaba de comprender y que negaría de no ser por las continuas evidencias de su existencia.

Algún día, estoy seguro de que uno de esos científicos que manejan ceros y unos, acabará por descubrir su código y sabremos exactamente la forma en que el sufrimiento producido, vuelve a nosotros.

En esencia algunos humanos difieren poco del tonto que escupe contra el viento. Una y otra vez reciben andanadas de los propios desequilibrios creados, justo cuando menos esperan, justo cuando lo han olvidado, justo cuando creen que ya nada puede irles mal.

Quizá lo más preocupante es el no poder medir. Podemos decir: “sí, me porté mal. Pero tampoco fue para tanto”. El problema es que si para la otra persona sí que lo fue, las piezas de dominó empezaran a caer. Quizá no tome represalias, pero puede ser que lo cuente a sus amigos y familiares que le ven sufrir y estos a su vez a sus propios amigos y gente cercana. Nuestra credibilidad acabará de ser destruida, pero tampoco ocurrirá nada. Sólo en un futuro incierto, en un día inesperado, alguien decidirá traicionarnos, abochornarnos, engañarnos, etc, porque... “quien traiciona a un traidor tiene cien años de perdón”. ¿O es a un ladrón? Da igual, quien falta a su palabra, engaña, traiciona, humilla, etc, es un ladrón. Un ladrón que roba dignidad, confianza, certeza...

Lo curioso es que quien ataca a alguien que  ha perdido su credibilidad y reputación a consecuencia de pequeños actos dolorosos para los demás, puede hacerlo sin remordimientos. Y además las energías producidas no le alcanzarán jamás. Es como si ese extraño código de ceros y unos, todavía por descubrir, dejara exentos de represalias a los vengadores anónimos.

Durante mi vida he conocido a muchos  individuos , amables, cuidadosos y educados con casi todo el mundo, pero que parecían disfrutar infligiendo dolor tanto físico como emocional a aquellos que venían de dañar a otros (y que siempre se iban de rositas).
En algunos casos (los más violentos), por suerte para ellos  la policía no llegaba a tiempo. En otros, que me llamaron mucho más la atención, ponían en evidencia a alguien con “mal Karma” delante de todos y, cuando era de esperar que se desatase una pelea a golpes como poco, este último agachaba la cabeza y se marchaba. Era como si el sufrimiento provocado les incapacitara para defenderse. El agresor en este caso siempre se quedaba con la conciencia limpia y tranquila y como he dicho antes, siempre tenía la suerte de cara.

En la salida en cuña de Wing Chun, cuando alcanzamos a un compañero que se abalanza en un ataque, inmediatamente se produce un suspiro de preocupación, hasta el más pequeño roce, produce que el que golpea se sienta mal. Cuesta años el acostumbrase a no preocuparse por los pequeños rasguños producidos a otro y asumirlos como gages del entrenamiento.
¿Pero qué ocurre si es un enfrentamiento real y nuestro adversario se estrella literalmente con nuestros puños? Pues la verdad nada. Es cierto. Puedes tener a tus pies a alguien que sangra, que tiene la nariz rota e incluso que ha perdido un par de piezas dentales y no sentir absolutamente nada. Al menos en ese instante no. De hecho, cuanto mayor haya sido su intención de dañarnos, la sensación de falta de emociones es mayor. Otra cosa es que reaccionemos bien ante una agresión o no, que ganemos o no. Pero lo que sí que está claro es que infligir daño a una persona que tiene el sufrimiento infligido en el pasado persiguiéndole el trasero, parece incapacitar a nuestra conciencia para tener compasión de sus heridas, aunque estas las hayamos producido nosotros. Y al contrario, siendo una buena persona, cualquier roce a un inocente, nos corroe excesivamente.

J. R. Moreno.