lunes, 17 de diciembre de 2012

El Fanfarrón.

Cada vez proliferan más en el mundo de las “artes marciales” si es que podemos llamarlas así, cierto tipo de individuos carentes de humildad y escrúpulos que no hablan de otra cosa que de lo buenos que son, sin importar a quien tengan delante. A cualquier persona normal nos daría mucho apuro y hasta miedo el que alguien que supiese de lo que estamos hablando nos desenmascarase. No es que yo me considere una persona humilde, es sólo que no digo que soy lo que no soy.




Hace años, cuando practicaba full contact en la ciudad de valencia, uno de mis compañeros de los más avanzados que participaba en campeonatos de vez en cuando y que los solía ganar, se fijó en un hombre que venía al gimnasio a hacer un poco de pesas, algo de comba y puntear un poco el saco pesado. Alguien le había dicho a mi compañero que en el pasado aquél hombre había sido profesional del boxeo y de alguna manera, quería probarse a si mismo. Así que más o menos lo estuvo incordiando pesadamente hasta que por fin el ex profesional accedió a hacer guantes con él. Yo había practicado boxeo antes, no de forma profesional, ni semi, simplemente quedaba a entrenar de vez en cuando con un amigo, a él le había enseñado un tío suyo italiano, con pinta más de matón de barrio que de boxeador pero que por lo visto había sido profesional como el hombre que venía al gimnasio, de hecho, punteaba el saco pesado de la misma forma. Así que intenté explicarle a mi compañero lo que le podía pasar. Pero no hizo caso. Y así es más o menos como ocurrió:



Mi compañero empezó a bailotear un poco, con la guardia de full, un poco más abierta de lo que es habitual en boxeo. Se acercó al boxeador e intentó alcanzarle con un directo de izquierda (en vez de un jap, como sería lo más lógico en boxeo) el boxeador hizo un pequeño gesto para esquivar, dio al mismo tiempo un pequeño paso hacia su derecha y conectó limpiamente un cruzado que dejó a mi compañero sin sentido. Es cierto que había una diferencia de peso sustancial entre los dos, pero os aseguro que esa diferencia tuvo poco que ver con que mi compañero no pudiese levantarse. Cuando me aseguré de que estaba bien, no pude evitar que me saliera la risa floja. El boxeador estaba más sorprendido de mi actitud que de haberlo mandado al suelo sin esforzarse. “Si es que se lo estaba diciendo” Le dije. “piensa que por venir a entrenar todas las tardes es lo que no es. ¿Tu que entrenabas? Por lo menos seis horas al día. ¿verdad?”. “Eso sólo en el gym” Me respondió.

La verdad es que los fanfarrones de ahora, no se llevan esas sorpresas, porque suelen ser un poco más inteligentes que aquel compañero de full y no suelen presionar a la gente hasta ese punto, incluso cuando siguen con sus fanfarronadas procuran tener lejos a quien desee pararles los pies. Pero el caso es que suelen tener muchos alumnos, que además creen a pies juntillas sus fanfarronadas.

Hoy día hasta se hacen instructores en cursos de fin de semana, se explica lo bien que funcionan las técnicas anti-cuchillo (este video muestra la realidad bastante bien :-) http://www.youtube.com/watch?v=EX1qp3eU06A ), se pretende entrenar un puño de defensa personal con los guantes y manoplas de un boxeador... etc.

Yo la verdad, no dejaría instruir a ninguno de mis alumnos sin supervisión, con menos de tres años de entrenamiento (por supuesto dependiendo también de las horas que entrene), creo que la única forma casi segura de enfrentarse a alguien armado con un cuchillo es una pistola y no suelo llevar guantes de boxeo por la calle. Diferencio perfectamente lo que es un aficionado de un PROFESIONAL, lo que es un deporte (por muy brutal que sea este) de una habilidad marcial o de un camino marcial y por supuesto lo que es un deporte marcial sin contacto o sin a penas contacto. Como también diferencio a los fanfarrones mentirosos de la gente que, como aficionado o profesional trata de dar lo máximo de si mismo y casi siempre permanecen callados mientras los demás se vanaglorian de si mismos.

J. R. Moreno.