miércoles, 26 de septiembre de 2012

Disonancia cognitiva y el Wing Chun.

 Cuando nuestro comportamiento entra en conflicto con nuestras ideas, o queremos creer a toda costa en dos pensamientos antagónicos a la vez, el cerebro intenta desarrollar de nuevo una nueva creencia que nos permita mantener ambos pensamientos o ideas. Pero la realidad está ahí para decirnos que no es posible. Dos y dos son cuatro y nunca serán tres por mucho que el tres sea nuestro numero favorito.
En Wing Chun, se sabe a los pocos meses de empezar a entrenar, que no es posible hacer trampas. Cuando un golpe se acerca a toda velocidad a nuestra nariz, las posturitas de kung fu están fuera de lugar. Tienes la posibilidad de esquivar, pero el siguiente golpe (si no ya el primero) te alcanzará, puedes desviarlo, pero el siguiente golpe (si no el primero) te alcanzará y puedes cubrirte, pero eso dejará expuesto el resto de tu cuerpo.
Es curioso; pero la mayoría de la gente no entrenada, de verdad cree que lo que desarrolla en su imaginación, será lo que ocurrirá en un conflicto real...
Lo peor es cuando después de ser alcanzados, aun siguen diciendo que lo que han imaginado y a veces entrenado de forma obsesiva funciona.
En esos momentos es cuando se produce un crack que deben superar si quieren seguir avanzando. Todos podemos mentir incluso a nosotros mismos, pero debemos encontrar una justificación viable para mentir. Si no queremos que eso nos pase factura y, (vulgarmente hablando) perdamos el norte.
Wing Chun es una especie de laboratorio donde estas situaciones ocurren todo el tiempo. No en vano la mayoría de ejercicios de combate, por ejemplo el chi sao se busca el no tener que volver nunca al punto de partida, repitiéndose las acciones hasta la saciedad, sin a penas tiempo para pensar. En realidad, no sería necesario explicarle a un alumno que la forma más segura de defender es interceptar la acción lo más cerca posible de la línea central. Cuando no para de entrar un golpe y otro y otro... nuestro cuerpo, sabiamente, cambia poco a poco los patrones de movimiento intentando ser más eficaz.
Todos hemos oído alguna vez comentarios del tipo: “¡vamos que no se va a bajar del burro por muy claro que lo vea!”.
En Wing Chun, no existe esa posibilidad por mucho que lo intentemos. O te “bajas del burro” o defenderás con la cara todos los golpes. Es una herramienta psicológica, a parte de marcial, que nos enseña que mentir o mentirnos a nosotros mismos para que no se produzca una disonancia cognitiva, que pueda llevarnos a una tensión emocional extrema, no es el mejor camino. Sino ver la realidad y aprender a buscar soluciones eficaces.
Evidentemente las soluciones eficaces en lo que se refiere a la habilidad marcial están ya ahí. Muchos siglos, y muchas generaciones de grandes maestros se encargaron de ello. Pero nuestro cerebro acostumbrado a serpentear intentando evitar tensiones emocionales, siempre se niega a aceptarlas desde un principio.
Como diría uno de esos grandes maestros... “Tienes que vaciar tu taza, si quieres que yo pueda llenarla”.
Lamentablemente muchos, no quieren deshacerse del liquido de su taza, aunque este no esté en las mejores condiciones...


J. R. Moreno.

sábado, 8 de septiembre de 2012

¿De que sirve ser bueno?


"La naturaleza humana es buena y la maldad es esencialmente antinatural".
(Confucio)



A veces resulta difícil para ciertas personas seguir el camino correcto, máxime, cuando interpretan erróneamente las consecuencias de los actos perniciosos que otras personas cometen. Es incluso un “handicap” diría yo, cuando los antiguos valores del respeto y el esfuerzo, parecen haberse esfumado de la sociedad actual.

Demasiada gente se equivoca en valorar las consecuencias reales de ciertos actos, y esto, unido a la sensación de falta de justicia, transforma a veces caracteres auténticos y bien formados, en otros esquivos y fácilmente irritables.

Sin embargo, la realidad es que todo aquel que se centra en hacer lo que no debe, recibe su castigo; y no tarde o temprano como se dice por ahí, sino de forma inmediata.

Algunas buenas personas... observan con cierta desesperación a esas malas personas que se dedican a dañar a todo el que encuentran a su paso; que engañan, que humillan, insultan y hacen todo lo que sea necesario para salirse con la suya. Y se desesperan, porque creen que los malos nunca reciben su merecido, a pesar de todo lo que hacen.

La verdad, entiendo su desesperación, porque: ¿Que diferencia existe entre ser bueno o malo si no hay castigo ni recompensa?

El problema es que algunas buenas personas no miran donde deben. Los castigos y las recompensas siempre son inmediatos.

El malvado tiene (Salvo excepciones), las mismas posibilidades que el bueno de tener un accidente, de perder a un amigo o familiar muy allegado o incluso de que le descubran una grave enfermedad. En eso, todos somos iguales. Pero no en el día a día, las malas personas (por mucho que se empeñen en hacer creer a los demás lo contrario), sufren una presión constante, una amargura constante, un vacío que son incapaces de llenar y un dolor tanto emocional como físico, retro-alimentado por la búsqueda de nuevas victimas para sus fechorías. No en vano, los seres humanos somos somáticos.

Si el que actúa con corrección no se deja envenenar el corazón, pensando que los malvados se salen con la suya, obtendrá su recompensa. Porque en un solo día de una buena persona, hay más felicidad de la que uno de esos personajes, obtendrá en toda su vida.

Como siempre todo suele ser una cuestión de calidad y no de cantidad. Lamentablemente, demasiada gente no lo entiende y emprende un camino sin retorno que les lleva a perderse a sí mismos. A Buenos amigos que siempre estuvieron a su lado. E incluso buenas oportunidades de vivir como realmente quieren. Porque acaban creyendo que los malos siempre ganan.

La verdad es que aquel que hace el mal a los demás, suele pasar la vida huyendo y escondiéndose. Tienen además que “Racionalizar” crear una elaborada mentira de si mismos para poder sobrevivir al día a día psicológicamente. Fruto de ello, muchos estallan con el tiempo sin saber por qué, experimentando constantes cambios de humor, sin ninguna razón aparente y un inmediato deterioro físico que se vuelve crónico. Ni aun así su avaricia se apaga, ni cesan en sus malas artes, ni dejan de incordiar a pobres inocentes, intentando borrar de su memoria las grandes heridas que les produjeron los que se les enfrentaron y les dejaron en ridículo delante de todos.(Aunque eso sólo lo recuerden ya ellos).

No se necesita un infierno para los malos... ya viven en él.


J. R. Moreno.