lunes, 13 de agosto de 2012

¿Quién es el enemigo?

A veces durante los entrenamientos es difícil encontrarse con la realidad. Algunos la persiguen entrenando con mucha más fuerza e intensidad. Otros intentando dilucidar que “técnica” es la mejor e incluso los hay que quieren encontrarla buscando una “transcendentalidad” inexistente.

En los entrenamientos con compañero, esa realidad llega a difuminarse todavía más. El gran error es pensar que nuestro compañero es el enemigo; pero no lo es, nuestro compañero es un ayudante que nos presta su cuerpo para entrenar los diferentes conceptos de combate y nada más. ¿Dónde está el enemigo? Pues como casi siempre, dentro de nosotros mismos. Cuando fallamos en un ejercicio y echamos la culpa a quien está delante de nosotros... “El enemigo” habla por nuestra boca. No importa si el ataque simulado de nuestro compañero ha sido demasiado alto o demasiado bajo, si cuando sujeta las manoplas lo hace de forma incorrecta, si es lento o demasiado rápido en sus acciones... Si no nos ha salido bien... es culpa nuestra. Nuestra obligación es seguir el objetivo aunque este no se presente tal y como habíamos planeado. El enemigo en este caso es casi siempre, como dicen los psicólogos la “racionalización”. Mentirnos para no sentirnos mal, no nos va a solucionar el problema. De hecho, decirnos la verdad tampoco, pero al menos nos pondrá en el camino correcto, y entonces el esfuerzo y dedicación acabarán encontrando esos resultados que tanto buscamos.

Algunos esgrimen contra esta forma de aprender, que puede quebrar nuestra autoestima. Pero por mi experiencia puedo decir que esto no son más que miedos infundados. No hay mejores palabras de aliento que las verdaderas, ni mayor satisfacción que conseguir un objetivo a través de nuestro propio esfuerzo. Las excusas no nos van a salvar de nada cuando las cosas se ponen realmente feas. Es posible que algunas personas consigan a base de excusas y justificaciones “migajas” de lo que realmente quieren. Pero nunca podrán conseguir algo realmente importante de lo que sentirse orgullosos. Nuestro esfuerzo debe ser dirigido a conseguir aquello que deseamos, no ha conseguir que alguien nos lo alcance.

Quien es capaz de aceptar las culpas propias como método para aprender, sin duda lo conseguirá.

Quien echa las culpas a otro porque se avergüenza de no haber conseguido a la primera, lo que lleva varios años dominar, sin duda, tiene el enemigo en casa.

Ver todos nuestros errores, no nos hace más débiles. Tampoco más fuertes; por lo menos inmediatamente, y hay que poner especial hincapié en la inmediatez, porque este es el gran error que manda muy a menudo a mucha gente que se esfuerza sin medida, al camino de las excusas y justificaciones.

Nada que se consiga con esfuerzo es inmediato.

Y nada que se consiga sin él, permanente.

Repetir como un poseso un error puede que hasta mejore la apariencia de sus biceps y, hasta puede que el sudor le haga pensar en lo mucho que ha trabajado, pero no eliminará su ignorancia y dañará su versatilidad irremediablemente. La mente es el primer "músculo" que ha de trabajar, y el juego de mancuernas necesario para potenciarla se llama "realidad".
 

J. R. Moreno.                     www.unionrmwingchun.com