martes, 22 de mayo de 2012

El acosador vestido de parca.

No sé desde cuando, pero , cada vez es más común, por parte de ciertos grupos de esta sociedad, el disculpar actitudes de lo más infames. Máxime si el agresor en cuestión tiene algún supuesto motivo para sentirse realmente mal. No importa que el objetivo sea cualquiera que pase por delante de sus narices o simplemente tenga la mala suerte de mantener algún tipo de relación con esa persona que ha perdido el control. Yo en ese aspecto debo estar fuera de la sociedad. Nunca he entendido que alguien que sufra un gran dolor tenga esa especie de justificación para intentar dañar a cualquiera que no tenga nada que ver con “quien” o “qué” lo provocó.


Puedo comprender; por poner un ejemplo, “aunque no lo comparta”, que alguien cansado de las provocaciones e humillaciones de uno de esos jefes de pacotilla que proliferan ahora tanto con la crisis, una vez fuera de sus casillas, busque y agreda al tirano. Pero lo que jamás me ha podido entrar en la cabeza es que lo pague con su pareja, sus amigos, compañeros de trabajo que nada tienen que ver, o simplemente con alguien que pasaba por ahí. Desde mi punto de vista, ir a por un inocente cualquiera, no denota locura, lo único que demuestra es cobardía. Justificar de algún modo estos tipos de violencia, es justificar la maldad del cobarde.


La verdad, que viendo las formas de actuar de ciertos padres, que justifican el comportamiento agresivo de su niño, porque este tenga un fuerte dolor de muelas o algo parecido; no es de extrañar que en el futuro este niño, se sienta enfadado con el mundo y cualquiera sea un enemigo válido.


En el pasado he tenido la desgracia de encontrarme y convivir con este tipo de gente. ¡Simplemente tenías que mostrar una mueca de felicidad para desatar el ataque! Al principio, no tuve más remedio que sufrirlos. Pero algunos años después, cuando aprendí a tratarlos por fin, sus desdibujadas caras de estupefacción lo decían todo. Lo normal, en ese mundo anárquico y estúpido de cobardes, cuando alguien te agrede y hace algún daño es buscar a alguien supuestamente más débil con quien vengarse. Y digo supuestamente más débil, porque no siempre es así, muchas veces se trata de alguien más educado, alguien que odia la violencia, o simplemente alguien que odia meterse en líos. Pero yo les respondía directamente a ellos y simplemente no podían asimilarlo. A veces, inocentemente, les seguía para que me diesen una explicación de por qué habían intentado agredirme y sus caras de estupefacción se transformaban en terror. Huían como si yo fuese ese acosador vestido de Parca de tantas y tantas pelis de terror, sólo que en vez de una guadaña, llevaba una pregunta: “¿Por qué has intentado agredirme, si yo no te he hecho nada?”. Y es que para los agresores cobardes, esa pregunta es más devastadora que el más fuerte de los golpes.


Por estas razones, nunca podré justificar con un: “Estaba indignado, acorralado, desquiciado, etc... y ¡Explotó!”, ese tipo de comportamientos.


Ese tipo de actuaciones sólo podrían tener mi comprensión, si esa explosión de furia, rabia, indignación suprema o como queramos llamarla, va dirigida a quien la provocó, y no contra un pobre inocente que se cruzó en su camino.


Dejemos que a los agresores cobardes les persiga su propia “Parca” preguntándoles ¿por qué?. Y no justifiquemos la maldad de quien no ha sido capaz de enfrentarse a su propio dolor.

J. R. Moreno.