jueves, 29 de diciembre de 2011

Lat Sao ¿Veneno o bendición?

“Lat sao”, bajo mi punto de vista es un ejercicio trampa. No puedo decir que nosotros no lo empleemos, pero nuestra visión es muy diferente a la que se utiliza en ciertas asociaciones de Wing Chun y sus distintas escisiones.
Para empezar,  nosotros no lo ejercitamos como si fuese un ciclo interminable. Para que eso sucediese, los alumnos, tendrían que estar dispuestos a hacer los recorridos clave a medias o con demasiada lentitud. Y eso es algo que nunca estoy dispuesto a permitir. Cuando un alumno hace eso le digo: “Le estás haciendo un flaco favor a tu compañero y te estás haciendo un flaco favor a ti mismo. Si tú dejas de hacer los movimientos correctamente para permitir a tu compañero reaccionar, al final los harás mal siempre y encima, tu compañero creerá que es capaz de contraatacar algo que es incapaz de defender”.



Ya hay demasiada gente por ahí a la que se le ha hecho creer “que sabe”, cuando en realidad no es así. Han aprendido una coreografía durante años y nada más.





¿Es por tanto un veneno el “lat sao”?





Pues depende de cómo se utilice:


Si se practica como un ejercicio interminable sí.


Pero si se aprovecha para desarrollar el concepto de liberar la fuerza, es una autentica bendición.

Tratar “lat sao” como una coreografía interminable, en mi opinión sólo puede nacer desde la falta de conocimientos o desde la idea de hacer del Wing Chun algo atractivo comercialmente hablando (las coreografías resultan visualmente muy atractivas y una vez aprendidas dan una falsa sensación de seguridad).


En Wing Chun, no aprendemos a defendernos de este movimiento y de este otro. Quien así piense está más que engañándose. En Wing Chun desarrollamos ciertos atributos visuales, como el conocimiento de los ángulos que nos resultan más ventajosos y otros táctiles, como el desarrollo de una fuerza de muelle que nos permite tanto absorber las fuerzas contrarias, como el contraatacar cuando liberamos esa fuerza.


Al final el camino del Wing Chun es el camino de lo fácil.

Lamentablemente, nuestra mente adora los culebrones y, ante un simple ataque de puño, quiere que actuemos como ese héroe de novela barata que primero huye a la montaña, allí aprende mil técnicas secretas y cuando finalmente está preparado, baja a la ciudad para vengarse y al mismo tiempo salvar a los oprimidos que finalmente le vitorean.

Quien así actúa, se despertará y comprobará que todo ha sido un sueño... Producido sin duda por ese puñetazo que impactó en su mandíbula, medio segundo después de que empezase a soñar con idioteces.

J. R. Moreno.