jueves, 17 de noviembre de 2011

¿HACE EL HÁBITO AL MONJE?

Vivimos en el mundo de la publicidad y el marketing donde lo real es un bien escaso.

Todo está supeditado a la estética; el refrán: “el hábito no hace al monje”, ha muerto, y con él, lo poco cuerdo que nos quedaba. Manipulan nuestra vista y a través de ella nuestras emociones. Y la inmensa variedad de opciones de que disponemos nos hace sentirnos siempre inconformes con lo que tenemos. La mayoría de las personas que ha seguido buenos consejos ya tiene la mejor opción. Sin embargo se sienten vacíos frente a la duda. Y es que a la mayoría de nosotros no nos enseñaron una prueba del nueve para asegurarnos de que el resultado era el correcto.


Así se crearon dos facciones, una anclada en el pasado y la tradición, y otros que piensan que todo tiene que evolucionar constantemente aunque no haya nada que motive el cambio. Da igual de lo que estemos hablando, deportes, arte, política, etc. Siempre hay estas dos facciones. Pero las dos son irreales, forjadas sobre una premisa falsa; la estética. Pocas veces se mira al pasado para mejorar el futuro, y pocas veces se busca un cambio necesario, sino estético y superfluo.


Es por todo esto que nosotros usamos las dos formas de escribir Wing Chun. La modificada o moderna en el pecho y la antigua o tradicional en la espalda. Del pasado buscamos sobre todo lo que se perdió y que ahora pueda resultarnos útil, y para el futuro buscamos cambios basados en la realidad del momento.


Muchas veces, vemos en los verdaderos estilos antiguos (no los salidos de la representación teatral) tienen carencias inexplicables, algunos no defienden contra ganchos, otros no saben como responder a agarres y derribos, otros a penas utilizan patadas...


¿Puede ser que hubiese estilos ineficaces en épocas en las que la seguridad ciudadana, era prácticamente nula?


Tratándose en este caso de la diferencia entre la vida y la muerte lo dudo.


Creo que debemos mirar mejor a las prohibiciones deportivas en los estilos de lucha. Empezando por el boxeo, y acabando por el moderno M. M. A.


No es que los estilos antiguos no tengan defensa contra ganchos, agarres, derribos, o lucha en el suelo. Es simplemente que a quien se atrevía a hacer eso se le contraatacaba de una forma especifica y fácil, que dejó de ser necesaria porque todo el mundo dejó de intentarlo. Ahora, muchos siglos después, los que están en desventaja son los que no utilizan este tipo de técnicas de derribo y lucha porque las respuestas para ello se perdieron, o al menos, eso parece.


De todas formas es curioso, sobre todo en M.M.A que a priori parece una lucha sin reglas. Que no se pueda por ejemplo poner una rodilla en la nuca de alguien que se tira al suelo intentando agarrar de un pie al adversario.


En el antiguo shuai jiao (lucha china) se permitía lanzar al adversario por encima de la cabeza, por lo que se enseñaba a los discípulos a retorcerse en el aire para evitarlo. Ahora ninguno de ellos sabría como hacerlo.


Por suerte están las formas para quien quiera interpretarlas, pero para algunos es mejor idear “técnicas ficticias” que hacer de antropólogo.


Y hablando de antropólogos, muchos de los que hacen esas modificaciones sin sentido, abogan que ahora los seres humanos somos más grandes y fuertes y que por eso lo antiguo no sirve. Pero siento desmontar esa teoría... según el estudio del afamado antropólogo Peter McAllister, somos prácticamente de mantequilla si nos comparamos físicamente con nuestros antepasados. Por ejemplo: antiguos cazadores superarían en carrera al mejor atleta ¡y descalzos! Y las mujeres tendrían un 10% más de masa muscular que el hombre de ahora, y unido eso a, que tenían un antebrazo más corto y fuerte, le haría posible vencer por fuerza bruta a cualquier luchador actual. Así quienes el pasado conseguían derrotar a un adversario más fuerte sin usar la fuerza pura, tenían muchísimo más mérito que cualquier maestro actual.


Las modificaciones han de hacerse con cabeza y sólo por necesidad, no por estética. Tampoco debemos anclarnos en el inmovilismo, esto nos imposibilitaría adaptarnos al tiempo en que vivimos y el que no se adapta no suele prevalecer.

J. R. Moreno.